El mal conocido síndrome del dedo gordo, tiene lugar cuando una persona de forma accidental compra o vende más valores de los que buscaba; o compra y vende valores por un precio distinto al que proyectaba. Este caso se conoce como el síndrome del dedo gordo, pues el operador incurre en un error tipográfico cuando trata de realizar la operación introduciendo al sistema un número de acciones o un precio equivocado.(Lee mas de trabajo desde casa)
Estas negociaciones ocasionan contratiempos al interior de los mercados, por lo que en determinados países existen verificaciones para evitar su ocurrencia. Pero tomando todas las medidas del caso, el factor del error humano no se puede mitigar.
La principal consecuencia de estas intervenciones es que pueden derivar en una estampida sobre una determinada acción, haciendo caer o elevar su monto radicalmente en algunas situaciones.

Es conveniente determinar que esta conducta, aún cuando no constituye una manipulación del mercado, sí afecta la formación de precios, por lo que puede ser censurable. El resultado más grave que puede provenir de esta conducta, es que la misma firma comisionista, quien fue la que encabeza el error, debe presentarse y reparar los daños que ha causado. En un caso de la bolsa de Tokio, la compañía comisionista responsable del error y la propia bolsa salieron a subsanar el daño causado. Igualmente, se entiende que un resultado natural de este error es que la firma comisionista debe cumplir con la operación que se ha calzado en el sistema, aún cuando esta fuere errónea.
Dependiendo de la trascendencia de la conducta, se podría razonar en la imposición de puniciones pecuniarias con el objetivo de sancionar a los operadores e intermediarios que han caído en el mencionado error. Esta resolución puede derivar, en que los intermediarios amparen controles más estrictos para prevenir la ocurrencia de este tipo de situaciones.(Lee mas de mercado de valores)
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