Fundamentalmente se hallan dos tipos de rentabilidades, una rentabilidad de tipo fijo y otra de tipo variable. Podemos optar por valores o productos atados a la una o la otra o incluso, una mezcla de las dos. La elección del tipo de rentabilidad que esperamos estar de acuerdo a nuestro perfil de inversión y de riesgo, aspecto en el cual será necesario y fundamental la asesoría de un intermediario de valores que hayamos seleccionado para efectuar nuestra inversión.
-Rentabilidad fija: Es el acuerdo de una tasa de interés fija que se paga periódicamente o con una fecha de vencimiento pactada para la inversión. Dentro de los herramientas más comunes que proporcionan una rentabilidad de este tipo están los bonos, los certificados de depósito a término o CDTs y los TES o títulos de tesorería. Usualmente este tipo de tasas envuelven una referencia como el índice de precios al consumidor (IPC) o la tasa de captación de los certificados de depósitos a término (DTF), a la cual se le suman unos puntos fijos para crear la tasa final.
No obstante hemos de tener presente que quienes resuelven vender el valor de renta fija en una fecha antes de su vencimiento, se exponen a una rentabilidad variable, ya que recogerán por el valor un precio determinado por el mercado.
-Rentabilidad variable: A l contrario que la mencionada anteriormente supone la inexistencia de una tasa determinada de antemano, ya que la rentabilidad del valor dependerá de aspectos tales como las circunstancias del mercado o la situación real de las empresas emisoras. Por ejemplo para este tipo de rentabilidad son las acciones. En este tipo de inversiones debemos saber que así cómo es posible hallar muy buenas rentabilidades que incrementen el capital originariamente comprometido en la compra de acciones, también es viable que veamos reducido nuestro capital por variaciones negativas del valor de la acción en el mercado.
No hay articulos relacionados.


admin
Posted in
Tags:

